En lo que hoy es Galicia, durante o período Neolítico, es decir, entre los años 4.500 y 2.500 a.C, tiene lugar la construcción de miles de mámoas, esto es, de túmulos de tierra que acogen en su interior diferentes tipos de construcciones –las más conocidas, dólmenes o cámaras megalíticas– que tienen por finalidad albergar enterramientos colectivos.
Las mámoas son el primer ejemplo de arquitectura monumental documentada en Europa y uno de los más antiguos del mundo, ya que no sucediera nada parecido en los 4 millones de años anteriores de evolución del género humano.
Los túmulos, mámoas o medorras son un producto humano monumental característico por:
1.- Son una obra artificial que implica la movilización del esfuerzo de muchas personas para un fin funerario.
2.- Fueron construidas para ser visibles en el paisaje y para ser perdurables en el tiempo.
La aparición de estas estructuras nos hablan del profundo cambio social y cultural que experimentaron los seres humanos del Neolítico, que inauguran unas nuevas condiciones sociales y de formas de entender a relación do ser humano con el territorio, creando un pasaje monumental artificial que transforma el territorio de forma deliberada y consciente.
Estos enterramientos no son las únicas manifestaciones culturales (arquitectónicas o artísticas) del Neolítico, sino que junto a ellas hay que contabilizar los menhires (piedras hincadas aisladas), los crómlech (círculos líticos como el de Stonhenge), o los alineamientos de megalitos (como el de Carnac, en la Bretaña francesa).
La sociedad que levantó este tipo de monumentos funerarios tenía una base económica mixta, centrada en la caza de animales, la recolección de frutos y, por vez primera en la historia de la humanidad, la domesticación de animales (el perro, el cerdo, la oveja...) y el cultivo de cereales y hortalizas.